Se puede hablar del perdón como una liberación. Teniendo en cuenta la etimología de la palabra “perdón” viene de las palabras latinas “per donare”, que significan “dejar ir”, “dar por” o “dar para”. Cuando ejercemos el perdón “soltamos” a quien nos ha ofendido o nos ha hecho un mal. En griego esta etimología se entiende mejor, pues, “afesis”, palabra para perdón, significa liberación.


El perdón es una liberación del resentimiento con algún ofensor. En suma, es la renuncia a los resentimientos e indignación que ha causado una ofensa. El perdón surge de la libertad y la caridad. No obstante, la presencia del perdón no impide la aplicación de la justicia ante el ofensor.

El perdón como acción voluntaria y subjetiva


El perdón debe originarse en el sujeto que recibió la ofensa en forma voluntaria, de esta manera podrá liberarse de los posibles resentimientos que tenga contra el ofensor.
El perdón intenta reconstruir y liberar de un resentimiento, no se puede llevar a cabo si no es voluntario y en el uso de la libertad individual.

¿Qué nos aporta aprender a perdonar?

Aprender a perdonar sólo puede ayudar; no puede hacer daño. El perdón es inmensamente práctico y útil. El perdón colabora a liberarse del resentimiento. El perdón es liberador. A medida que se aprende a perdonar, muchos problemas (incluso de salud) desaparecerán gradualmente. Permite ver la vida desde arriba y de esta manera se logra ver la forma más fácil de llegar a las metas propuestas.


Una persona que perdona habilita y facilita a que otras personas estén más cerca, a diferencia de una persona que no perdona. La calidad de vida depende de la calidad de las relaciones afectivas. Cada aspecto de la vida va a cambiar para mejor a medida que se aprende a perdonar; ya sea en tu familia, tu vida laboral o tu vida social. Aprender a perdonar mejorará todas tus relaciones, debido a que tu actitud va a mejorar. A medida que tus relaciones mejoren, entonces todos los aspectos de tu vida también mejorarán.


Cuando se perdona, se pone fin a este círculo vicioso; se impide que la reacción en cadena siga su curso. Entonces libero al otro, que ya no está sujeto al proceso iniciado.
Pero, en primer lugar, me libero a mí mismo. Estoy dispuesto a desatarme de los enfados y rencores. No estoy “re-accionando”, de modo automático, sino que pongo un nuevo comienzo, también en mí.

El perdón beneficia en tanto una persona decide perdonar y lo mismo ocurre con todos a tu alrededor, ya sea cuando uno debe perdonar a los demás o la necesidad de perdonarse. . El perdonar permite liberar el pasado y encontrarse con el verdadero potencial que una persona tiene. Permite liberar energías mentales y emocionales que son aplicables a la creación de mejores condiciones de vida.

Superar las ofensas, es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida. El filósofo Max Scheler afirma que una persona resentida se intoxica a sí misma. El otro le ha herido; de ahí no se mueve. Ahí se recluye, se instala y se encapsula. Queda atrapada en el pasado. Alimenta a su rencor con repeticiones y más repeticiones del mismo acontecimiento. De este modo arruina su vida.
Es habitual escuchar y ver el empecinamiento de hombres y mujeres en negarse a perdonar, en aferrarse a su venganza como si esta fuera una victoria, una expresión de justicia.

Publicado por Lia Moreira

Terapeuta especialista den vínculos

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